Dora Franco.
Cocinera, mamá, y la mano detrás de cada plato que sale de Casa Franco.
De Antioquia a Santa Cruz.
[PLACEHOLDER: Dora viene de Antioquia, Colombia — la región paisa, conocida por una de las cocinas más ricas de Latinoamérica. Llegó a Santa Cruz hace [X años], buscando [motivo]. Trajo con ella las recetas que aprendió de su madre y de su abuela, y nunca dejó de cocinarlas.]
[PLACEHOLDER: detalle específico sobre la familia, la cocina de la abuela, una historia concreta — V debe entrevistar a Dora para esta parte.]
Lo que se aprende en la mesa de la familia.
Las recetas que Dora cocina son las mismas que se cocinan en su familia desde hace generaciones. La bandeja paisa, la cazuela antioqueña, las empanadas de maíz frito — no son interpretaciones, son la cosa misma.
No hay atajos. El hogao se hace despacio, los frijoles se cocinan desde el grano, las arepas se asan al momento. Es la única forma que Dora sabe cocinar.
[PLACEHOLDER: una frase real de Dora — sobre cocinar, sobre la familia, sobre lo que significa Casa Franco. V debe extraerla durante la entrevista.]
Sábado en la mañana. Y empieza.
La cocina de Casa Franco empieza temprano los sábados. Dora trabaja sola — o con familia cuando hace falta — preparando todo lo que sale del día. Las empanadas se rellenan a mano. Los frijoles ya llevan horas cocinándose. El hogao se hace en una olla aparte, despacio.
Para el mediodía, los pedidos ya están llegando por WhatsApp. Lo que sale de la cocina sale caliente, recién hecho. Ni un plato espera.
Una casa, una cocina, una mesa.
Casa Franco no es un restaurante. Es la cocina de una casa, abierta a Santa Cruz.
Cada pedido sale de la misma cocina donde Dora ha cocinado para su familia. No hay franquicia, no hay equipo de chefs, no hay receta corporativa. Hay una persona, su trabajo, y la comida que sabe hacer.
Lo que recibes es lo que ella le serviría a los suyos.